Hermana

 

Hay amores que no pertenecen a aquellos relacionados con la atracción de los cuerpos.
Hay amores que responden a las fibras más profundas del ser, carentes de palabras se limitan a expresarse en los actos.

Hay amores que quedan en el aire doliendo a punzadas, unas veces más que otras.

Escribo esta carta a un remitente anónimo para no hacer de mi ícono pedazos, a sabiendas de que quizá no sea leída, que quizá sea devuelta sin abrir y que quizá ni siquiera llegue a las manos de su dueña; ¿Será que la necedad parió conmigo?

Yo he vivido siendo hija única pero conté con la dicha de conocer una hermandad mucho más profunda, lazos de otra clase que no se pueden romper. Esta carta tiene apariencia de despedida, si lo es o no dependerá del destino aunque yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui…

Es para ti mujer, la más hermosa que en mi vida he visto, esperando que tus ojos no se encuentren decaídos a causa de la distancia ahora que otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos y llegó la hora de separarnos. En ti he dejado lo más puro de mis esperanzas y lo más querido entre mis seres queridos. A ti te repetiría, si te viera, aquellas palabras guevarianas tan resonadas y tan penetrantes: “He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo.”

No me malentiendas, no ha sido fácil pues la distancia me hace sentir en la piel las palabras escritas por Moisés acerca de José y Benjamín: “Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano y buscó dónde llorar y entró en su cámara y lloró allí.”

Dirán que blasfemo, no lo sé, tal vez. Mas tendré otro atrevimiento y diré que te he amado como a mí misma y me reconforta pensar que a pesar de mi partida puedo vernos reflejadas en los versos: ”El alma de Jonatán quedó ligada con la de David y lo amó Jonatán como a sí mismo.”  Quizá te moleste lo que escribo pero no temo, porque sé que todas estas cosas fueron escritas como ejemplo para nosotros, después de todo ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será y nada nuevo hay debajo del sol.  

Admito que me alienta en mi camino el pensar que nuestras almas están ligadas por un mismo Espíritu, aunque haya quienes afirmen que en mí obra el espíritu de Satanás. Confío ciegamente que en tu corazón no has dejado entrar tales afirmaciones y si así fuera, eso no cambiaría ninguna de las palabras que aquí he escrito.

Me despido de nueva cuenta con las palabras de un texto ya mencionado, las cuales creo que expresan lo que te he querido decir:

“Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti.”

Teo
YPUJ

Anuncios

Lealtad

 

“Le hicieron daño a ella, no a mí.”

“Que se lo chinguen a él, no a mí”

“¿Yo que culpa tengo?”

Todas pequeñas frases que dicen mucho de quien las pronuncia. Nos dice que es una persona ajena a la lealtad aunque  la lealtad no es algo que se dice, es algo que se siente correr en las venas cada que uno de los nuestros es herido. Sentimos esa herida en nuestra piel, a carne viva nos arde, nos duele y la lloramos como nuestra.

Si usted, hermano, no es capaz de sentir en lo más profundo de su ser la injusticia cometida contra un ser amado y cercano, déjeme decirle que mucho menos va  a poder sentir la injusticia contra los desconocidos.

¿Cómo va a serle leal a Dios si no es leal a su congregación?

¿Cómo va a serle leal a un pueblo sino es capaz de sentir el dolor de la novia, de la esposa, de la hermana o de la madre?

¿Cómo va a ser leal si no siente la necesidad de defender la integridad del amigo o del compañero?

Por que la lealtad es un valor silencioso que recorre las venas y arterias del hombre y de la mujer para convertirlos en seres humanos.
Porque la lealtad es algo que se demuestra con acciones certeras sin medias tintas, sin ambigüedades ni palabras falsas. Fuertes, seguros, confiables son los seres humanos leales.
Porque la fidelidad no es lo mismo que la lealtad; la primera muchas veces es provocada por el miedo o la sumisión mientras que la lealtad  se gana por medio del respeto, del respeto al otro, pues con ella se lucha contra la injusticia y todo dolor, toda lágrima de nuestro compañero es una injusticia.

 

¿Tú también, Bruto?

¿Qué puede matar a un César?

Por Teolinca Velázquez.

Dicen que con una puñalada mortal es suficiente, pero hay más: que sus amigos y compañeros le apuñalen como a un extraño, como a una bestia. Basta con ver a un ser amado, en quien se confía, sosteniendo un cuchillo ante sus ojos, eso es suficiente para matar a un César.
Basta con escuchar hablar a tus espaldas a quien alguna vez escuchaste decir palabras de aliento; basta con saber que tu confidente te ha dado la espalda, ignorando tu dolor; basta con ver a tu amigo emular hipocresías al encontrarse contigo.
Tres palabras literarias que reflejan el dolor de abrir los ojos; tres palabras que representan la sorpresa de encontrar a una hermana, a un hermano, a un padre, a una madre, a un amigo, a una amiga o a un maestro convertido en traidor, rompiendo las promesas que a tu lado hizo: “¿Et tu, Brute?”
Basta con que tu gente no quiera ya más luchar contigo; basta con que tus palabras sean ya tomadas por locura; basta con que tus advertencias sean ignoradas mientras todos miran hacia atrás y no hacia adelante:
“Al final no recordamos las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos.”
Mata saber que aquello en lo que crees fervientemente ha sido manipulado por hombres que sólo quieren perpetuar la opresión.
Mata saber que esos hombres alguna vez tuvieron tu amor, tu confianza, tu esperanza.
Abrazan al opresor con fuertes palmadas en la espalda; le llaman hermano; se sientan a su mesa y ríen con él ¿Qué no saben? Que no se puede nadar sin mojarse, que tarde o temprano les puede alcanzar y nadie es inmune.
La pelea ya no es con ese opresor, es con quienes le permiten seguir perpetrando la ley, quienes con abrazos, sonrisas, y palabras de aliento dejan pasar lo que ha hecho, lo dejan atrás en el olvido… hasta que vuelve a infringir.
Son ellos quienes permiten la agresión, quienes permiten la injusticia  y quienes permiten que vuelva a pasar.
Pero alguien dijo una vez “Creo que estoy en lo correcto. Creo que la causa que representamos es correcta.” Con ese pensamiento debemos luchar cada día, aunque los amados nos den la espalda, aunque nuestra gente nos de la espalda no debemos agachar la cabeza y al final, convencidos de nuestra causa, soportar.

“Levantate a defender la rectitud;
levántate a defender la justicia;
levántate a defender la verdad;
y he aquí que Yo estaré con ustedes incluso hasta el fin del mundo.”
MLKJr

“Buscar la muerte en los brazos de la mentira”

Por Teolinca Velázquez.

 

Una de las consecuencias perversas de la modernidad  dice Beck, es que sus contornos son difusos (Josetxo Beriain (Comp.), 1996), las categorías que caracterizaban a la modernidad industrial permitían la  delimitación conceptual clara de todas las cosas que rodeaban al individuo, el cual se regía entonces por la diferenciación entre esto “o” el otro, mientras que ahora los individuos se rigen por la convivencia antitética de esto “y” el otro, antítesis que genera confusión, dilemas y ambivalencia. Esta ambivalencia atraviesa de alguna forma toda esfera del ser humano; a través de un proceso histórico, la segunda modernidad ha construido la convivencia de elementos que en otros tiempos se consideraba una aberración. Así, en un mismo estante del supermercado nos encontramos productos kosher y al lado productos de cerdo, productos veganos al lado de productos hechos de carne; no solamente se ve reflejada esta ambivalencia en lo material, sino también en el plano subjetivo. Así, en un mismo individuo encontramos ambigüedades, el dilema ya no es ser o no ser (Shakespeare, Hamlet), el dilema es ser y no ser.

Una de las razones por las que se puede ser y no ser es que tanto la tipificación jurídica como las convenciones sociales se han difuminado en varios aspectos. Por allá de 1938 un joven Frank Sinatra fue encarcelado con el cargo oficial “Seducción”, este cargo se imputaba cuando un hombre “convence a una mujer de buena reputación para involucrarse con él en un encuentro inapropiado. Generalmente había una promesa de matrimonio que nunca se cumplía, arruinando así su reputación”.[1] Con el tiempo, cargos como este se han ido eliminando y también la convención social se ha ido ampliando dejando este tema a consideración exclusiva de los individuos involucrados, hombres y mujeres.

Las consecuencias perversas de la modernidad están en que vivimos en el mundo del “y” pero pensamos con las categorías del “o” (Josetxo Beriain (Comp.), 1996). Aunque las promesas incumplidas en el plano de lo emocional ya no tengan la relevancia de antes, las consecuencias subjetivas en el individuo engañado siguen siendo las mismas; existe toda una industria musical que se nutre de ello.

Como individuos buscamos relacionarnos con el entorno, relación que se ve atravesada por significantes tales como la apariencia, las acciones o las palabras; pero más que engranajes lógicos y mecánicos, cada individuo tiene sus sentimientos, sueños, aspiraciones e ilusiones que se van construyendo con los significantes ya mencionados. Así, el más mínimo acto disruptivo hiere todo un mundo de subjetividades, hiere por lo tanto el alma.

La mentira es uno de esos actos disruptivos, con ella se pueden construir imperios y destruir corazones pero no sólo con la palabra se miente “¡Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo!” (Shakespeare, Hamlet). Muchas ocasiones en estas cuestiones de las relaciones amorosas la mentira y las falsas promesas se dan por buscar el beneficio propio sin pensar en el otro, una forma de narcisismo.

A través de la historia, del arte y del entretenimiento se ha sacado mucho material referente a las mentiras que se hacen bajo el influjo del enamoramiento y del deseo, Lupita D’Alessio y Amanda Miguel han ganado mucho dinero con eso. Shakespeare aconsejaba “Debes considerarle como una mera cortesía, un hervor de la sangre, una violeta que en la primavera juvenil de la naturaleza se adelanta a vivir y no permanece; hermosa, no durable; perfume de un momento y nada más” (Hamlet). Pero en esta era en la que la mentira ya no se castiga con severidad ya no se le señala eternamente al mentiroso o mentirosa pero los corazones siguen doliéndose, las lágrimas aún se derraman: “Gusté algún día la miel de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento desacordado.” (Ibíd.)

Empero hay una ventaja y una desventaja que nos ofrece esta característica de la modernidad, al no ser castigada la mentira severamente se vuelve más obvia a la mirada, esto es una ventaja puesto que ya no es tan fácil ser engañado; desde tiempos inmemoriales se ha sabido que “las malas acciones, aunque toda la tierra las oculte, se descubren al fin a la vista de los hombres” (Ibíd.), sólo que en estos tiempos se descubren mucho antes del fin, canta Juan Gabriel: “Mentira que me quieres mucho/ es mentira no me quieres nada/ sé que solo soy un capricho/ que tu no estas de mi enamorada/ sabes que me gustas mucho/ por eso dices que me quieres[2]

Nuevos retos implica esta nueva configuración, “¡Oh cuánta, cuánta es mi desdicha de haber visto lo que vi, para ver ahora lo que veo!” (Ibíd.), revelando otra parte de la naturaleza humana, esa parte en la que por un momento de felicidad, aunque éste sea ilusorio, son capaces de arriesgar todo incluyendo su persona, exponiendo la vida por un rato terrenal.

Porque aceptar la mentira sabiendo que es mentira es también una forma de darle muerte al ser, forma tal como el tabaquismo, el alcoholismo o cualquier otra adicción, “Considera cuál pérdida padecería tu honor, si con demasiada credulidad dieras oídos a su voz lisonjera, perdiendo la libertad del corazón” (Shakespeare, Hamlet). Caer en brazos de la mentira por voluntad propia significa vender conscientemente la libertad, esa es otra forma de entender las consecuencias perversas de la modernidad: la muerte del individuo en brazos de la ambivalencia como dice aquella canción famosa “Aunque es falso el aire siento que respiro”[3].

La modernidad le presenta al individuo todo un panorama difuminado en el que ya no es tal cosa “o” tal otra cosa, se deja al criterio de un sujeto alienado la complicada acción de discernir entre la verdad y la mentira; la subjetividad no es siempre lógica y no se rige por leyes, se rige por sentimientos, creando así otro círculo vicioso de los que habla Ulrich Beck pues más que definirse los conceptos, se difuminan a conveniencia propia, lo que es mentira puede ser verdad por un rato largo o corto, aislándose así al individuo de su entorno, impidiéndose amar.

Bibliografía

Josetxo Beriain (Comp.). (1996). Las consecuencias perversas de la modernidad. Barcelona: Anthropos.

Shakespeare, W. (2000). Hamlet. México: Porrúa.

[1] Museo del Crimen http://www.crimemuseum.org/crime-library/frank-sinatra/

[2] “Mentira” Composición: Álvaro Carrillo / Juan Gabriel

[3] “Mientes tan bien” Composición: Leonel García

Los enamorados de la melancolía.

Por Teolinca Velázquez.

En el texto “De Profundis”, Oscar Wilde menciona la siguiente cuestión: “Dante ubica abajo, en el infierno, a quienes se obstinan de vivir en la tristeza” y más adelante expresa “Tampoco podía comprender cómo Dante, capaz de decir que la aflicción nos vuelve a casar con Dios, pudo haber sido tan duro con los enamorados de la melancolía”. (De Profundis y ensayos, pág. 72) Refiriéndose al pasaje en el que Dante llega a lo que describe como una región aflictiva, la Laguna de Estigia (Alighieri, 1922), en donde encuentra a estos “enamorados de la melancolía”:

Por donde quiera que la vista gira
Fita en el limo, dicen: ¡Tristes fuimos
bajo el sol que el aire dulce alegra!” (pág. 42)

¿Quiénes son estos enamorados de la melancolía? ¿Por qué los sitúa Dante en el infierno?

Erich Fromm en su libro “El corazón del hombre” escribe sobre el hipocondriaco moral: “Tal individuo está constantemente preocupado por su culpa en cosas que hizo mal, en pecados que cometió, etc. Aunque al extraño –y a sí mismo- pueda parecerle particularmente concienzudo, moral y hasta interesado por los demás, el hecho es que ese individuo sólo se interesa por sí mismo, por su conciencia, por lo que otros puedan decir de él, etc. El narcisismo subyacente en la hipocondría física o moral es el mismo narcisismo de la persona vanidosa, salvo que es menos aparente, como tal, a los ojos no preparados.” (Fromm, 1966). El autor, citando a K. Abraham, denomina “narcisismo negativo” al narcisismo que se manifiesta en estados de melancolía junto con sentimientos de insuficiencia y de autoacusación (pág. 77).

Dentro del narcisismo no hay relación con el mundo exterior; la única realidad que existe es el individuo mismo, por lo que no hay límite a su voluntad pues su existencia trasciende los límites de la existencia humana (pág. 73). El narcisista emplea su energía en admirarse a sí mismo y no a su entorno ni a quienes le rodean (pág. 77), provocando así su propio aislamiento, ya que éste ha dejado de percibir la realidad de otras personas. De acuerdo con Fromm, un individuo narcisista es también alguien que tiende a valorar su producción elevadamente, pero en el caso del “narcisista negativo” la persona subvalora todo lo que le pertenece (pág. 83).

Existen, dice Fromm, dos tipos de narcisismo: el narcisismo benigno, cuyo objeto de narcisismo es algo que el individuo obtiene mediante el esfuerzo personal; es benigno porque implica un trabajo que lo obliga a mantener relaciones con el exterior y por lo mismo posee un carácter limitativo ya que para relacionarse con el mundo, el individuo debe estar consciente de otras realidades, lo cual es posible mediante las relaciones de creación y producción. Y el narcisismo maligno que no posee estas características pues descansa sobre lo que el individuo obtiene sin esfuerzo, es decir no lo que hace sino lo que tiene. Como la “grandeza” del individuo no le exige hacer contacto con la realidad, entonces lo aísla.

Existen muchas formas de ubicar una orientación narcisista, pero en la que reside el origen del aislamiento del individuo es la susceptibilidad a toda clase de crítica, ya que el narcisista niega la validez de todo lo que altere el orden de su realidad; la respuesta al narcisismo herido puede ser por medio de la ira o, en el caso del narcisista negativo, el abatimiento (pág. 78) y la depresión (pág. 84).

La debilidad con la que el narcisista negativo concibe su posición frente al mundo no le permite responder con furia sino con depresión: “Si su narcisismo es herido tan gravemente que ya no puede conservarlo, su ego se desploma y el reflejo subjetivo de ese desplome es el sentimiento de depresión. El factor de dolor que hay en la melancolía se refiere, en mi opinión a la imagen narcisista del “Yo” maravilloso que murió y por lo cual se siente afligido el individuo deprimido. Precisamente porque este individuo narcisista teme la depresión resultante de la herida de su narcisismo, trata desesperadamente de evitar tales heridas” (pág. 85).

La transformación de la realidad es el medio que tiene el individuo narcisista para evitar ser herido, lo cual conlleva el asentamiento de otras personas; las lágrimas, sollozos, lamentos, quejas y demás, son la forma que tiene el narcisista negativo de conseguir el apoyo, seguimiento y atención de quienes le rodean. El narcisismo requiere de satisfacciones (pág. 97) que se alcanzan mediante acciones de superioridad, éstas refuerzan el sistema de pensamiento narcisista (pág. 98), los abrazos, la compasión, la ternura, las palabras de aliento, etcétera, son en este caso los reforzadores del sistema de pensamiento.

Pero ¿Qué sollozar y recibir consuelo implica el infierno? Significa un infierno cuando supone la dinámica de conducta humana descrita anteriormente: aislamiento, evasión de la crítica, intolerancia, transformación de la realidad, abatimiento, depresión y por lo tanto un narcisismo negativo. “La leyenda griega indica claramente que esta clase de amor a sí mismo es una maldición, y que en su forma extrema termina en autodestrucción” (pág. 76).

El infierno en el que se encuentran los “enamorados de la melancolía” es que al no estar relacionados con su entorno, los aísla una sensación de soledad y miedo. Al ser ellos el mundo entero, la crítica y el encuentro con otras realidades significan una agresión, una amenaza, para su sobrevivencia y por ello el portador de la amenaza debe ser erradicado: “El narcisismo herido sólo puede curarse si es aplastado el ofensor y se repara así el ultraje que se le hizo” (pág. 99).

Aunque se trate de un narcisista negativo, todo instinto de destrucción conlleva ira en algún momento. No es gratuito que al descender Dante al quinto círculo del infierno haya encontrado tanto a los iracundos como a los melancólicos:

El buen maestro, dijo <<Aquí está  presa
de la grey de poseídos por la ira
pero quiero que sepas con certeza
que bajo el agua hay gente que suspira>>”
(Alighieri, 1922, pág. 42)

El narcisismo maligno no permite al individuo establecer lazo con el mundo pues es antagónico de la razón y del amor (Fromm, 1966, pág. 100). No les permite ver objetivamente la realidad, y tampoco les permite ver a los otros como personas sino como sombras del ego, impidiéndoles así el amar. El infierno de los enamorados de la melancolía es que no pueden amar.

Cada uno de nosotros lleva en sí el cielo y el infierno, Basilio
(Wilde, El Retrato de Dorian Gray)

Dice Fromm “Sólo si el hombre puede suprimir la ilusión de su ego indestructible, podrá relacionarse con el mundo, podrá amar” (Fromm, pág. 101). El infierno del narcisista está sobre sus hombros, pero también sobre esos mismos hombros podría haber una condición totalmente opuesta. El enlazamiento con el mundo depende de un cambio de perspectiva, el cambio en un narcisista comienza desde el punto en que reconoce que la meta del hombre es vencer su narcisismo:

Obligaría a mis amigos a encaminarse lentamente hacia la tristeza conmigo; les enseñaría que la melancolía es el verdadero secreto de la vida; los estropearía con un pesar ajeno; los lastimaría con mi propio dolor. Ahora siento de modo muy diferente. Veo cuán desagradecido y cruel de mí parte sería mostrar un semblante tan triste como para que mis amigos, cuando vengan a visitarme, deban poner una cara más triste aún para demostrar su compasión o, si quisiera agasajarlos, invitarlos a sentarse en silencio para comer hierbas amargas y carnes asadas propias de un funeral. Debo aprender a estar alegre y ser feliz”. (Wilde, De Profundis y ensayos, 2004)

 

Bibliografía

Alighieri, D. (1922). La Divina Comedia. Buenos Aires: Centro Cultural “Latium”.

Fromm, E. (1966). El corazón del hombre. México: FCE.

Wilde, O. (1969). El Retrato de Dorian Gray. México: Porrúa.

Wilde, O. (2004). De Profundis y ensayos. Buenos Aires: Losada.

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué dicen que los amores eternos son los más breves?

 

Por Teolinca Velázquez.

Constantemente oigo decir a los románticos aquella cita perteneciente a Mario Benedetti: “Los amores eternos son los más breves”, la cual es utilizada para justificar alguna relación amorosa fallida, sin embargo a mí me trae a la mente lo expuesto tanto por Oscar Wilde como por el sociólogo Zygmunt Bauman en relación a lo que hoy conocemos como el amor líquido.
Desde mi perspectiva, el amor se nos presenta hoy en día como una aventura, un escape a la vida cotidiana. Cuando pienso en el amor líquido sin inversiones, fugaz y fácil, no sólo veo la descripción de Bauman, veo también la concepción romántica del amor. Enamorarnos en estos tiempos significa escapar de las tareas que implica vivir por nuestro lado, pero cuando la relación se complejiza y pasa a ser parte del esfuerzo diario, es entonces cuando el encanto se esfumó.
La vida se nos presenta de tal manera que debemos tomar cada día múltiples decisiones que van definiendo nuestro futuro, situación que otorga al hombre sensaciones de ansiedad, aislamiento y alienación. Nuestros días pasan corriendo ante nuestros ojos y debemos tener el aliento suficiente para seguirles el paso y no perdernos nada; así testifica (Previendo la modernidad líquida sin saberlo) Wilde de su sociedad al escribir que “El ritmo acelerado es vida” (El Retrato de Dorian Gray, 1891).
Dentro de este contexto el amor puede ser considerado un refugio en cuyos brazos encontramos respiro después de un día de correr con la vida. Así, el amor adquiere el significado de lo que más bien le corresponde al romance. Mariposas en el estómago, el deseo, la pasión, cuando el otro se nos presenta sin falta ante nuestra mirada; ese periodo en el que no tenemos que discutir porque todo es aparentemente perfecto. Es en ese momento cuando, embriagados por la poción del amor perfecto, juramos que éste será eterno, pero las letras pequeñas del contrato dicen que eso será mientras se mantenga como lo sentimos en el momento.
El amor es otra cosa a lo que erróneamente estamos jurando; el amor es aceptar la dignidad humana (Amor Líquido, 2003) porque dentro de esa aceptación está el reconocer al otro como sujeto y ser humano, acto que conlleva una serie de desencuentros en los que nos damos cuenta que el otro es eso, otro que no actúa ni piensa como nosotros queremos, otro que, al igual que nosotros, tiene faltas y no es perfecto. Wilde retrata cómo muchas veces se puede presentar este momento de desencuentro “-¡Sí –gritó-, has matado mi amor! ¡Hacías vibrar mi imaginación! ¡Ahora no puedes ni siquiera excitar mi curiosidad! ¡Ya no me haces ningún efecto! ¡Te amaba porque eras admirable, porque eras inteligente y genial, porque realizabas los sueños de los grandes poetas y porque dabas forma y cuerpo a las sobras del arte! ¡Y tú lo has echado todo a rodar! ¡Eres inepta y de cortos alcances!… ¡Dios mío! ¡Qué loco fui al amarte! ¡Qué insensato!”, es en ese momento cuando el amor, que decíamos eterno, ha terminado a la brevedad, “¡Querría no haberte conocido nunca… has destrozado la novela de mi vida!” (Wilde, 1891).
Ese proceso de aceptación del otro implica un compromiso, una inversión a la cual la sociedad actual le rehúye, ya que ello implica el riesgo de perder, quizá para siempre, algo que es nuestro; así que invertir sentimientos y jurar fidelidad implica un enorme riesgo de convertirse en alguien dependiente de la pareja (Bauman, 2003), por ello cada vez son más las relaciones que terminan antes de llegar a esta etapa donde se requiere un compromiso de inversión. El “amor” se ha convertido en una serie de intensos, breves e impactantes episodios, lo que Bauman denomina como una “incapacidad aprendida de amar” (Bauman, 2003).
Para mí la obra de Oscar Wilde “El Retrato de Dorian Gray” es una predicción de lo que hoy conocemos como modernidad líquida, sin embargo la postura del autor sobre el amor es muy diferente a lo expuesto en “El Retrato…” pues él describe al amor como la alegría de sentirse vivo. El objetivo del Amor, dice, es amar: ni más ni menos; incluso confiesa a Lord Alfred Douglas “Te había dado mi vida, y para gratificar las más bajas y despreciables de todas las pasiones humanas, el Odio y la Vanidad y la Codicia, tú la desechaste. En menos de tres años me habías arruinado enteramente desde todo punto de vista. Por mi propio bien yo no podía hacer otra cosa excepto amarte”, no porque fuese, del todo, una persona dependiente, sino porque el Odio ciega a las personas y él, Wilde, hace un esfuerzo por mantener al Amor como la nota dominante en su propia naturaleza (Wilde, De Profundis, 1897).
Como podemos ver, ambos autores escriben a su manera que amar implica dar, invertir, arriesgar, poner algo nuestro sobre la mesa que no habrá de sernos devuelto, ya sea tiempo, sentimientos, confianza o hasta dinero; una acción que la propia vida líquida nos advierte de querer cometer. Culpamos a las relaciones amorosas de quitarnos parte de nuestra esencia cuando en realidad son elementos de la vida diaria tales como la violencia, los prejuicios y el odio los que alienan al ser humano. Cargamos sobre la pureza del amor las consecuencias de elementos ajenos a él. Ante esto, Wilde nos aconseja “Debo mantener Amor en mi corazón hoy, sino ¿Cómo podría sobrevivir a este día?” (Wilde, 1897)

Bibliografía

Bauman, Z. (2003). Amor Líquido. México: Fondo de Cultura Económica.

Wilde, O. (1891). El Retrato de Dorian Gray. México: Porrúa.

Wilde, O. (1897). De Profundis. Great Britain: Wordsworth Classics.

 

Una mujer fácil

Entre las chicas, mientras vamos creciendo y entrando en el mundo de las citas, de los chicos, también vamos escuchando consejos típicos sobre qué hacer y qué decir para ser atractivas, pero uno es el que ha sido repetido por generaciones: “Hazte la difícil” porque dicen que el hombre es cazador por naturaleza, y por lo tanto goza de aquello inalcanzable. La mujer, si quiere ser deseada, valorada, por el “hombre de su vida” debe entonces aprender a maquinar una serie de estrategias y tácticas de seducción.

Pero en esta era de reestructuración social, después de una larga lucha por los derechos de género, la sociedad se conforma a partir de nuevos conceptos que han dado paso a nuevos sujetos y uno de ellos es lo que yo llamo en esta ocasión “la mujer fácil”. Hoy sabemos que la visión que tiene la mujer de sí misma ha cambiado, ahora la mujer se dice ser independiente, se dice ser libre, por lo tanto su papel en el mundo y su aportación se han reconfigurado dando paso a nuevas formas de interacción con el mundo; dentro de este contexto, las viejas tácticas para lidiar con el hombre cazador han quedado invalidadas para dar paso a nuevas formas de comportamiento. La “mujer fácil” es un nuevo individuo sin rodeos, sin estrategias, pues se presenta pura y entera al mundo con seguridades e inseguridades, directa, formal, decidida; cuando ella desea algo, intenta conseguirlo por sus propios medios, una educación, un empleo, un reconocimiento, una familia, un novio, un esposo, sexo casual, un beso, un faje, una sonrisa.

Por eso es una mujer fácil, porque en ella no hay engaño, ni estrategias, ni manipulaciones. Si le escriben un Whats App y ella está al teléfono, contestará enseguida, no porque muera por la persona en cuestión o pase todo el día esperando a que le escriban, sino porque no tiene interés en no responder un mensaje que ya leyó ¿Qué ganaría?

Si un día la invitan a salir y ella está disponible, dirá que sí, no porque esté poniéndose de tapete sino porque la invitación le ha parecido atractiva o simplemente tiene ganas de salir. Cuando no pueda, o no quiera, dirá que no. Si en la salida, aunque sea la primera, le dan un beso y ella responde o ella misma toma la iniciativa, no es porque sea una cualquiera; a lo mejor la persona en cuestión le gusta mucho, a lo mejor quiere saber cómo besa, a lo mejor el último beso que le dieron fue tan malo que quiere mejorar la experiencia, tal vez sólo tiene ganas de un beso. Si en vez de eso, rechaza el beso, no es porque sea una aprovechada o una estirada, simplemente no quiere besar.

Y si le preguntan si quiere irse a la cama, tal vez diga que no, tal vez diga que sí, pero cualquiera que sea la respuesta no nos permite juzgarla ni como una santa ni como una puta. Es una mujer y tiene tanto derecho como cualquiera a decidir sobre su vida sexual, si tiene ganas, tiene ganas, si no te tiene ganas, no tiene ganas y punto.

En la actualidad se permiten estos nuevos esquemas de comunicación e interacción, se permite que una mujer hable de sexo libremente, que experimente lo que desea y que no experimente lo que no desea, porque también si ella decide esperar a ser virgen hasta el matrimonio o hasta la muerte, es válido, no por eso es una apretada. La concepción que la mujer tenga de su cuerpo no es asunto de ningún hombre ni de ninguna mujer para juzgarla porque ahora la mujer es “fácil”, no por el manejo de su sexualidad sino porque se ha liberado de temas tabú dando paso a nuevas formas de comunicación que le permiten expresar libremente sus pensamientos y deseos, haciendo más fácil el acceso tanto del mundo a ella como individuo, como de ella a ese mundo que la rodea.  

Por eso, dentro de estas nuevas formas de interacción, el acoso, el abuso y la violación de carácter sexual significan una regresión para la sociedad. Por ejemplo, de acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres, la gran mayoría de la violencia contra las mujeres en diferentes contextos es cometida por un hombre que tiene una relación de parentesco o afectiva con la víctima. Aunque es dentro de la familia que la mujer debería desenvolver sus alas, muchas veces es precisamente en la misma familia en donde se encuentra con agresiones de esta naturaleza que limitan su seguridad. Es evidente entonces  que aunque se han abierto las puertas para que la mujer pueda evolucionar a un nivel individual, dentro del imaginario colectivo sigue sin dársele su lugar como mujer libre, pensante.

En México el 91% de los delitos sexuales se quedan sin denunciar, las razones son muchas pero las que me interesa destacar aquí son la falta de homologación de conceptos jurídicos y la humillación social que sufren las víctimas, lo primero es consecuencia de lo segundo porque mientras que en la convención social no se reconozca totalmente a la mujer como víctima, la ley tampoco lo hará.

Cuando una mujer es víctima de un delito sexual, si se atreve a hablarlo es muy probable que se le acuse de ser responsable total o en parte, ya sea por quienes la rodean o por el mismo perpetrador, porque de inmediato se le buscarían a ella faltas que puedan haberlo llevado a cometer el acto en cuestión. Se señala su vestimenta, se hurga en su pasado amoroso, todo lo que alguna vez pudo haber dicho será usado en su contra como una evidencia de su perdición, de su putería.

La vergüenza, la humillación, el miedo y la difamación se convierten en pedradas para las alas que la lucha histórica ha logrado colocar en la mujer, porque no se ha luchado porque las mujeres aumenten la cantidad de parejas sexuales, no se ha luchado porque la mujer pueda reducir las medidas de su ropa, se ha luchado por liberar a la mujer de la reprobación continua en que la hunde la convención social. Mientras no se le dé completa salida social, legal y política a la problemática de la violencia sexual, esta lucha es una lucha fallida.

Está en nosotros el darle la salida por medio de la palabra, con la voz, con las letras, con la expresión viva. Apoyarnos entre nosotros significa que si alguna chica cercana a nosotros es víctima de algún delito sexual, no debemos juzgarla, no debemos vertir en ella los conceptos machistas que la sociedad nos ha inculcado, al contrario, mirarla y reconocerla como una mujer libre, pensante. Debemos alzar la voz con ella y protestar contra la injusticia porque si bien muchas veces no hallará consuelo por la vía legal, debemos saber el gran cambio que unas palabras de aliento pueden generar en una persona, porque quizá al expresar nuestro apoyo estemos aportando a salvar una vida.